La negación del ocio

2020, pandemia, una empresa privada planea enviar humanos a marte, caos generalizado, pasamos la mayo parte de nuestro día viendo pantallas y consumiendo información. Que momento para abrir un “negocio”,  que momento para estar vivos.


La velocidad a la que vamos es absolutamente perceptible, es claro para muchos de nosotros que el mundo gira a una velocidad vertiginosa y en muchas ocasiones hace que pasemos por alto la importancia de muchos conceptos, en esta ocasión quiero referirme al concepto de negocio y su aplicación en nuestro contexto actual. Ya he mencionado en diversas ocasiones en Lab Nueve las consecuencias que suponen el auge de la onda startupera, emprendedora y de la mal llamada innovación disruptiva. Partamos desde el punto de vista etimológico donde Negocio es: nec + otium > negotium (literalmente, ‘lo que no es ocio’).Para los romanos los negocios u ocupaciones son lo que hacemos cuando no estamos disfrutando de nuestro tiempo libre.

Ahora si vamos paso a paso, al deconstruir este término surgen algunas incógnitas empezando por cuestionarnos si el ocio es negativo ¿Es realmente malo disfrutar de tiempo de ocio? Desde nuestro punto de vista absolutamente no, el ocio es fundamental en el desarrollo de nuestros procesos creativos, el ocio nos permite dar un poco de aire a nuestro proceso que seguramente se encuentra totalmente saturado de datos, percepciones, fechas limites etc. Disfrutar de tiempo de ocio cambia nuestro estado de ánimo lo cual tiene un impacto notorio en la flexibilidad y fluidez mental. No tiene mucho sentido sentirse culpable por dedicar tiempo al disfrutar del ocio, ese paradigma anterior donde el sentirse muy ocupado, siempre cansados de más al final del día, con altos niveles de estrés hoy es cuando menos, debatible. Claramente existe un límite, en este caso el balance entre ocio y funciones laborales deberá estar definido por cada uno de nosotros, en primera instancia definir que significa tener éxito en nuestros proyectos o ámbito laboral y a partir de allí precisar que cantidad de tiempo puede ser dispuesta para las actividades de ocio, resalto una vez más que esta medida la define cada quien, aquí no deberíamos tener esa presión social del paradigma anterior por sentirnos muy ocupados, por sentirnos muy productivos, por entrar en la onda “emprendedora”. Espero no confundirlos, no soy partidario de la pereza ni mucho menos, todo lo contrario por nuestra orientación a darle la relevancia a los conceptos es que invito a que primero definan cual es su medida de éxito y a partir de allí definan su modus operandi.

Por otro lado nos surgen dudas referentes al concepto “tiempo libre”. ¿Cuál tiempo es no libre? ¿El laboral? Es decir que ¿Estamos actuando por obligación en una gran porción de nuestra vida? Si es así, corroboramos los datos de Gallup donde nos informa que más del 85% de las personas no son felices en sus trabajos, ahí tendría mucho sentido decir que el tiempo invertido en otras actividades diferentes el trabajo si que sería libre. Si bien el amar el 100% de tus actividades laborales puede ser una utopía, es importante establecer esos no negociables que acompañan nuestras convicciones más fuertes y a partir de allí decidir libremente como emplear ese tercio de nuestra vida llamado actividad laboral.

En resumen el autoconocimiento es la base, primero preguntarse a si mismo y no a las tendencias y/o corrientes. Por ultimo TODO EL TIEMPO ES LIBRE, decidamos que queremos hacer con el.

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